Nuestra historia es la de una familia vinculada al mundo del pescado y el marisco desde hace más de un siglo. Una historia de trabajo, intuición y capacidad de adaptación.
Todo comienza con nuestro abuelo, Vicenç Carbó Damians, nacido en Sants en 1909, quien él mismo decía que era conocido como “el pincho de Sants”. Hijo adoptivo de un pescadero, empezó a trabajar con sólo 9 años. Con un cabello en la cabeza, recorría las calles hasta la Barceloneta para vender pescado, aprendiendo desde pequeño el valor del esfuerzo y el trato directo con el cliente.
Nuestra abuela, Soletat Segarra Ballester, provenía de una familia con viveros de mejillones en la Barceloneta. Juntos decidieron establecerse en Sabadell, donde ella ya comercializaba mejillones. En ese momento, la normativa no permitía vender pescado y crustáceos en el mismo establecimiento, lo que llevó a nuestro abuelo a montar su propia parada. Ese fue el inicio de un negocio que no dejaría de crecer.


Durante la década de los 50, la familia dio un paso clave ampliando la actividad con una fábrica de hielo en Sabadell, esencial en una época en la que la cadena de frío aún no estaba desarrollada. El hielo proveía tanto pescaderías como industrias (tintes, embutidos) y hogares, cuando los frigoríficos todavía no eran habituales.
Con los años, el negocio evolucionó hasta participar en uno de los primeros barcos con congelación a bordo, una apuesta avanzada a su tiempo. A finales de los años 60, esta aventura sufrió un duro golpe: el barco se hundió cargado de mercancía y la fábrica empezaba a perder peso en un mercado en transformación. Las dificultades se acumularon.
El 22 de diciembre de 1969, un hecho inesperado cambió el rumbo: el Centro de Deportes Sabadell, del que nuestro abuelo formaba parte de la junta directiva, fue agraciado con La Grossa de Navidad. Esto permitió recuperar las pérdidas y dar continuidad al proyecto familiar.
El negocio se consolidó y creció hasta gestionar 9 paradas en el Mercado Central de Sabadell y 6 en el de la Creu Alta, convirtiéndose en un referente local.

El 31 de enero de 1986, con 16 años, me incorporé plenamente al negocio familiar. Fue una etapa intensa: pescaderías, fábrica de hielo, compra en la subasta de Barcelona y actividad en Mercabarna, con jornadas que comenzaban a las 3 de la madrugada y terminaban en cualquier punto de la cadena.
Después del servicio militar, empecé a trabajar oficialmente en Mercabarna en la empresa de mi padre. Me inicié como peón, sustituyendo a cualquier vendedor cuando era necesario, lo que me permitió adquirir experiencia en productos como el atún, el pescado de costa y el pescado azul, así como en la compra directa en el palco de Barcelona.
Con el tiempo, pasé a responsabilizarme de la venta de atún y posteriormente del producto congelado procedente de Túnez. Las jornadas comenzaban a las 2 de la madrugada, pero eran años intensos y apasionantes, que te hacían gozar del oficio.

En 2001, con el nacimiento de mi tercera hija y con una necesidad creciente de conciliación, decidí salir de la zona de confort y explorar nuevas oportunidades.
Fue entonces cuando se abrió una nueva etapa con Icelandic Ibérica, donde durante 3 años gestioné el mercado de Túnez y desarrolló nuevos clientes. Fue una experiencia muy enriquecedora y un importante contraste respecto al mercado tradicional: el paso a una multinacional islandesa.
Después de un breve período en Interaliment, tuve la oportunidad de volver a trabajar con una de las personas que más me ha marcado profesionalmente, Magnus B. Jónsson, que me incorporó como Director Comercial del departamento de congelado en Iceland Seafood.
Fueron 13 años que, pese a empezar con dificultades, se convirtieron en la mejor etapa de mi trayectoria profesional.
A raíz de la fusión entre Icelandic e Iceland Seafood, y al no encajar en la nueva estructura, acordé mi salida, con un período de un año de inactividad. Posteriormente, continué mi trayectoria durante 4 años en Globalimar.
Por último, después de esta experiencia acumulada y con una visión clara del sector, decidí dar el paso y crear mi propia empresa.
Así nace Omnisapiens.

